30 may 2011

La pregunta sobre la hombría y otras cosas.


“La vergüenza de ser un Hombre ¿hay acaso alguna razón mejor para escribir?”

Gilles Deleuze

Me lo imagino sentado en la butaca marrón, frente a la inmensa pantalla del cine, disfrutando de Rita Hayworth o de otra famosa actriz hollywoodense. Codo a codo a una señora de barrio, ambos obnubilados por el film. Así me lo imagino a Manuel Puig., nutriéndose del material popular que ingresan en sus novelas y en las cuales se transforman de sentido o adquieren un plus de valor.

En “El beso de la mujer araña”, la relación que se va generando entre los dos personajes principales, está marcada por las narraciones de diferentes películas por parte del personaje homosexual al militante político de izquierda, mientras ambos están presos. Sin embargo estas narraciones son solo un aporte, un medio que nos mueve hacia el verdadero tópico del relato. Es el material que va afianzando la extraña relación de los dos hombres, ente las cuales, pereciera haber, un abismo y a la vez nada que los separe. Se plantean como contra caras de estereotipos de hombres. Hay una posible pregunta subyacente sobre la hombría. Intentado poner por un lado el hombre-macho que es un valiente, que va por la revolución del país, y en eso arriesga la vida, y por el otro lado el hombre-homosexual, leído en clave de hombre-mujer, apegado a su madre y cumpliendo un rol de dominado y hasta de cobarde. Pero son roles, que en esta búsqueda y planteo sobre la hombría, terminan subvirtiéndose y lo que parecen dos estereotipos definidos y marcados hasta por el cliché, entran en una profundidad en la que los roles no son tan claros ni tan definidos.

Hay en ello una reflexión sobre el papel de la mujer o el homosexual – pensándolos en una misma categoría- en la militancia política argentina. Una crítica y reivindicación. Una reflexión de la propia sociedad argentina en su más arraigado machismo, que hasta incluso se transfiere a las esferas más progresistas, como los movimientos revolucionarios.

Se puede leer como los materiales cotidianos, populares y, hasta, de baja categoría en lo artístico se aúnan en esta novela (y en toda su obra) para generar una trascendencia artística y una reflexión social que convirtieron a Manuel Puig en uno de los mejores novelistas argentinos.

Se puede leer y se debe leer, porque no sé si hay alguien que lo haga mejor que él.

Ramiro N. Bugarín

5 may 2011

Estado de excepción

El estado de excepción se hace norma. La infracción de la ley se hace ley.
Unos tipos entran en un país, matan a otro sin juicio y su presidente es nobel de la paz.
Es extraña la concepción de paz que tiene el nobel.


"Cumplida su tarea de justiciero, ahora era nadie. Mejor dicho era el otro: no tenía destino sobre la tierra y había matado a un hombre." ¿Obama=Osama?

3 may 2011

Por un pedazo de tierra


Para este mes me la juego con un clásico latinoamericano. Siempre conseguible en alguna casa de libros usados: “Huasipungo” (que significa lote de tierra) novela del ecuatoriano Jorge Icaza. Escrita en los años 30’ y siendo de la narrativa conocida como indigenista (una especie de movimiento de reivindicación aborigen, en busca de una justa representación en lo artístico y de solidaridad frente a sus situación de explotados y marginados).

Como una constante en su obra, se expone la cruda realidad de los pobladores originarios del ecuador bajo la explotación de los hacendados, los terratenientes, las figuras políticas y las figuras eclesiásticas. La manera en que dentro de una escala social el indígena es tratado como si ni siquiera correspondiera a ser considerado un ser humano. De hecho la novela todo el tiempo juega con mostrar la animalización a la que están sometidos, en alguna parte del relato los usan de caballos para llevar a los terratenientes acuesta para cruzar un charco de barro.

Claramente no es un descubrimiento, por parte del autor, el tema a tratar. Lo interesante, me parece, es la forma en que lograr hacer la denuncia de la explotación, consiguiendo incomodar al lector, logrando hacerle sentir en la carne el maltrato y el malestar, contagiándolo de todo lo que debe sufrir el personaje principal (Andrés Chiliquinga) y toda la comunidad indígena. Es tal la impresión corporal que le deja a uno, que el cuerpo reacciona y se sacude ante las diferentes escenas. Llega al punto máximo en el momento en que no les dan las raciones de comida y no les permiten tomar nada de la cosecha empezando así a desesperarse por el hambre. Es un momento donde el estomago se contrae y el corazón se compunge. Incluso hasta la sensación olfativa se activa a partir de la descripción del olor de los cuerpos y todo lo que circunda alrededor de la muerte de una vaca. Ese es el escenario que justifica toda la novela.

Lo único es que hay que tener estomago para empezar su lectura. Pero no todo es desesperación, explotación y olores, Icaza plantea la revolución o la menos su posibilidad (que siempre se puede leer como esperanza) producto del amor y la desesperación. Producto del límite.

Para terminar, me retiro con el grito final de Andrés: “ÑUNCANCHIC HUASIPUNGO” (“Huasipungo es nuestro”). ¿No será a caso el tan lejano grito que aun hoy resuena en todas nuestras comunidades indígenas? ¿No podríamos leerlo como un “America es nuestra”?

Ramiro N. Bugarín