29 ago 2011

La contracara de los ausentes



But they will teach us that

Eternity is the Standing still

of the Present time

Enrique Pezzoni le dijo, cuando pregunto cual era la opinión que Borges tenia sobre él, que había dicho que era un hombre que sabia mucho de autos y cigarrillos, y le explicó que había dicho hombre, por lo tanto no lo consideraba escritor. Esta es una de las tantas anécdotas de Fogwill. Enrique Fogwill fue uno de los autores más importantes de las últimas décadas argentinas, falleció el año pasado el 21 de agosto, fue un transgresor en la literatura y, para quienes no podemos diferenciarla, en la vida. Esta modalidad de estar siempre en ruptura y diciendo lo que no se dice, lo censurable y lo prohibido, hasta en algunos casos lo ha convertido en personaje desagradable y reaccionario, pero siempre encantador. Escribió entre muchas cosas Los pichiciegos, novela que escrita durante la guerra de Malvinas, habla de su atrocidad y daba cuenta de algo muy diferente a las victorias pregonadas por los medios argentinos en su momento. El año pasado la editorial Alfaguara edito los cuentos completos -salvo algunos que el autor quiso eliminar de su “cuentografía”, para ser recordado solo por aquellos que aparecen en esta edición- .

Escribo sobre él por que es interesante pensarlo como un autor en contratara de la figu

ra canónica del escritor argentino, por excelencia: Borges, y ver de que modo se las ingenia para retomarlo, reconectarse con esa figura de la que se separa y a la vez transformar la obra del otro en un pasaje escabroso y reescribirla como nunca lo hubiera hecho, por principios no por incapacidad. Para eso hay que leer en conjunto “Help a él” y “El Aleph”. Desde el titulo el primero es un anagrama del segundo, es un cuento que Fogwill escribió para un concurso literario del que Borges era jurado, y queriendo destacarse y burlarse del mecanismo de selección de los concursos, tomo “El Aleph” y lo reescribió. El concurso no lo gano, pero el cuento es excelente, más si se pone en serie y se lee la intención y la reescritura puesta en marcha. El juego con el titulo, los personajes y las situaciones: dos hombres, una venganza, una mujer, el encuentro de la totalidad. Uno encuentra la to

talidad de manera visual, “uno de los puntos del espacio que contiene todos los puntos” y Fogwill logra dar el vuelco y dar cuenta de ella de manera sensorial, a través de una droga, que abre los canales sensoriales del personaje en un pleno presente pudiendo dar cuenta de cada mínimo detalle. Y con sexo, mucho sexo. Sin el pudor Borgeano y la infinita erudición, pero con el gran don narrativo. Eso es Fogwill.







Más sobre él en:

2 ago 2011

Uno de aventuras


Las novelas de aventura son aquellas que logran que uno vuelva a ser un chico que siente que las cosas le pasan a él. Son esas que logran que cuando uno lee, deje de leer para imaginar simplemente que está en el mundo de la novela, deja de estar sentado para correr por una ciudad desconocida y descubrir crímenes y enigmas, sentir el amor de alguna chica y la ansiedad por empezar una nueva aventura. Las novelas de aventuras son esas que logran que una deje de ser lector para convertirse en protagonista.

Una de las mejores novelas que escribió un simpático español, Carlos Ruiz Zafon, es “La sombra del viento”, la historia de un niño que un día su padre lo lleva a un misterioso lugar escondido en la Barcelona de principios de siglo, donde elige un libro que cambiara su vida y lo enviara a una vida de aventura, intriga y secretos. Pareciera a ve runa especie de circula entre nuestra lectura y entrada en este mundo mágico y aventurero, y el hecho de que el protagonista, al igual que nosotros, a partir de un libro comience su aventura.

Uno llega hasta la última página habiendo reído, llorado y sin aliento en espera de la revelación final. Detrás del libro que elige el protagonista hay una historia que lo envolverá y le dará entre otras cosas un compañero inseparable y un amor irremediable. Varias historias se entrelazan y abren nuevos caminos, todo surcado por la historia de la pos-guerra y bajo la sombra del franquismo. Entre otras novelas del escritor, como “El príncipe de la niebla” y “El juego del ángel”, ésta es la más lograda en su narrativa y madurez creativa. Si bien tiene un dejo de misticismo y fantasía, la historia logra atraparnos y sumergirnos en un mundo irreal logrando el mayor grado de veracidad, en donde uno cree que todo puede pasar.

Ahora a la manera de propaganda de I-Sat un fragmento que lo resume todo:

“-Este lugar [el cementerio de los libros olvidados] es un misterio, Daniel, un santuario. Cada libro, cada tomo que ves, tiene alama. El alma de quien lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro cambia de manos, cada vez que alguien desliza la mirada por sus páginas, su espíritu crece y se hace más fuerte. Hace ya muchos años, cuando mi padre me trajo por primera vez aquí, este lugar ya era viejo. Quizás tan viejo como la misma ciudad.”

Cada libro es un paso de vida, una aventura nueva. Este no se queda atrás.

Ramiro N. Bugarín