
But they will teach us that
Eternity is the Standing still
of the Present time
Enrique Pezzoni le dijo, cuando pregunto cual era la opinión que Borges tenia sobre él, que había dicho que era un hombre que sabia mucho de autos y cigarrillos, y le explicó que había dicho hombre, por lo tanto no lo consideraba escritor. Esta es una de las tantas anécdotas de Fogwill. Enrique Fogwill fue uno de los autores más importantes de las últimas décadas argentinas, falleció el año pasado el 21 de agosto, fue un transgresor en la literatura y, para quienes no podemos diferenciarla, en la vida. Esta modalidad de estar siempre en ruptura y diciendo lo que no se dice, lo censurable y lo prohibido, hasta en algunos casos lo ha convertido en personaje desagradable y reaccionario, pero siempre encantador. Escribió entre muchas cosas Los pichiciegos, novela que escrita durante la guerra de Malvinas, habla de su atrocidad y daba cuenta de algo muy diferente a las victorias pregonadas por los medios argentinos en su momento. El año pasado la editorial Alfaguara edito los cuentos completos -salvo algunos que el autor quiso eliminar de su “cuentografía”, para ser recordado solo por aquellos que aparecen en esta edición- .
Escribo sobre él por que es interesante pensarlo como un autor en contratara de la figu
ra canónica del escritor argentino, por excelencia: Borges, y ver de que modo se las ingenia para retomarlo, reconectarse con esa figura de la que se separa y a la vez transformar la obra del otro en un pasaje escabroso y reescribirla como nunca lo hubiera hecho, por principios no por incapacidad. Para eso hay que leer en conjunto “Help a él” y “El Aleph”. Desde el titulo el primero es un anagrama del segundo, es un cuento que Fogwill escribió para un concurso literario del que Borges era jurado, y queriendo destacarse y burlarse del mecanismo de selección de los concursos, tomo “El Aleph” y lo reescribió. El concurso no lo gano, pero el cuento es excelente, más si se pone en serie y se lee la intención y la reescritura puesta en marcha. El juego con el titulo, los personajes y las situaciones: dos hombres, una venganza, una mujer, el encuentro de la totalidad. Uno encuentra la to

talidad de manera visual, “uno de los puntos del espacio que contiene todos los puntos” y Fogwill logra dar el vuelco y dar cuenta de ella de manera sensorial, a través de una droga, que abre los canales sensoriales del personaje en un pleno presente pudiendo dar cuenta de cada mínimo detalle. Y con sexo, mucho sexo. Sin el pudor Borgeano y la infinita erudición, pero con el gran don narrativo. Eso es Fogwill.
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