Para leer sobre lo despiadado del amor, el egoísmo de los seres humanos, lo intrincado de las relaciones humanas, sobre los artistas, los campos rusos, las relaciones de una madre y un hijo, la juventud, la perdida de la juventud, sobre la crueldad y mucho mas, todo lo podemos encontrar conjugado y condensado en la obra de teatro La gaviota de Antón Chejov.
Es un autor complejo que logra en una obra compacta poner en escena a varios personajes que se relacionan entre sí, desde sus complejos, desde sus deseos íntimos y desde lo peor de sí. Logra ponernos en la piel de cada uno de ellos, entenderlos a partir de los parlamentos que declaman y reponer a partir de nuestra condición humana todo lo que no dicen, todo lo que antecede a las palabras.
Pareciera, a la vez que retrata una época específica, lograr encontrar un punto de contacto entre la reflexión sobre el arte, el amor y la relación entre una madre y un hijo, artistas los dos. El arte en esa relación es lo que los opone, lo que los hace detestarse. Los que nos hace ver al público una acentuación del Edipo, que inicia un circulo vicioso. Un hijo que se hace escritor para buscar desesperadamente el amor de una madre, que es actriz mayor, que no se lo da por que busca desesperadamente el amor de un hombre que a su vez es el escritor mas reconocido, que busca el amor de una joven actriz. Un hijo enamorado de una madre, enamorada de un padre, enamorado de su hija, el complejo psicoanalista puesto al mayor de los funcionamientos y la tragedia dada por que ninguno ocupa el lugar que le gustaría ocupar.
El arte y el amor con todo lo que conllevan se unen, se equivalen en esta obra. Se reflexionan mutuamente, en un juego de espejos que siempre esta rompiéndose y armándose. Que siempre muestra como las dos cosas terminan siendo un artificio.
La gaviota pasa a representar la posibilidad de libertad que brinda un amor, y que a la vez prohíbe otro amor. Parece quedar el arte como escapatoria, como calmante de las penas, pero ni siquiera funciona como placebo. Queda el arte como ultima perdición, como ultima frustración.
Así declama, quien ha perdido todo:
“Soy una gaviota…no, soy una actriz”
Ramiro N. Bugarín
