Desde el momento en que lo vio,
con el puño en alto,
entre la multitud a gritos.
Desde el momento en que vio sus ojos,
marrones, inocentes, poderosos,
profundos y enérgicos.
Desde la distancia que los separaba,
persona tras persona, año tras año,
sintió el calor de su presencia,
de su aliento,
de la ternura de su palabra.
Desde el amor es donde lo halló.
Cerró los ojos y lo seguía viendo,
apretó los labios y lo saboreaba en su boca,
frotó las manos y lo recorría en un abrazo.
No había distancia, no había oscuridad,
no hay excusa que lo aleje.
Su memoria, su presencia es mas fuerte.
Era el flechazo de la vida,
de la justicia,
de la libertad,
del amor,
de todos esos innombrables.
Todavía ahí esta, sin ser,
ahí, con su brazo alargado a la victoria,
entre la multitud, entre su gente,
con su mirada puesta en el horizonte,
con su puño cerrado al cielo.
"Mira que pobre amante,incapaz de meterse en una fuente a buscarte un pescadito rojo bajo la ira de gendarmes y niñeras" Julio Cortazar
24 mar 2014
14 mar 2014
El velo que cae
Hubo un tiempo en que quise escribir una novela. Hoy ya no, no tengo esa capacidad. No tengo lo que se necesita: orden, ideas, voluntad, etc. Quizás no tengo lo que más hace falta, determinación. En otros momentos de mi vida quería hacer algo con la música, después o antes, ya no me acuerdo, filosofía, incluso hubo un tiempo en que quise ser físico. Me llamaba la atención la capacidad de crear, de hacer surgir de la propia capacidad intelectual o sensitiva algo nuevo, algo novedoso, pero sobre todo algo revelador. Eso era lo que quería, llegar a concebir algo revelador.
Contaban en algún lugar la historia de un hombre que viajaba de pueblo a pueblo, caminaba, dormía a cielo abierto. Lo seguían algunos perros que cuidaba y se echaban a su sombra a descansa, con el frío dormían acurrucados para mantener el calor. Aquel hombre caminaba, llegaba a distintos lugares y la gente se reunía alrededor de él. Hablaban, tomaban algo, pasaban todo el día juntos. Todos dejaban cualquier actividad que tuvieran. Se quedaban fascinados con las anécdotas, historias, fantasías e ideas que el hombre hacía surgir, una tras otra, de su boca. Actuaba, bailaba, reía. Disfrutaba infinitamente con sus paseos y sus charlas, de la acogida de los pueblos, de los momentos compartidos y de la posibilidad de hablar y compartir lo que pensaba.
La gente cada vez era más, eran más los que venían de diferentes lugares a escucharlos, a maravillarse con sus historias, a compartir sus palabras. Pronto muchos, sobre todo los jóvenes, se le acercaron y lo acompañaron en su camino. Lo seguían a sol y a sombra. Compartían noches en medio del campo, un fogón que los iluminaba en la mitad de la nada, perdidos en esa galaxia que puede parecer el campo en medio de la noche. Lo único que existía en esos momentos eran sus sombras envueltas por el silencio eterno. A la mañana seguían camino. Algunos nunca se separaban, otros se cansaban del ritmo y la caminata, extrañaban sus hogares y volvían. Otros encontraron junto a él un hogar.
Pasaron muchos años. Muchos lugares y muchos caminos. Incluso ya siendo una muchedumbre volvió a recorrer lugares que ya había pisado. Al volver a encontrarse con gente sentían otra vez la revelación de escuchar sus palabras, sus historias. Era como un mago decían, creaba cosas con solo contarlas. Mostraba al mundo con solo nombrarlo. Revelaba, eso decían todos. Revelaba.
A veces la verdad o la caída del velo es algo muy fuerte, y no todos pueden enfrentarlo. La luz puede lastimar la vista, puede dejarnos ciegos y mostrarnos mucho más de lo que queremos ver. Ahí, en el momento en que la oscuridad no tiene rincón de escape es cuando comienzan a iluminarse nuestros problemas, y se convierten ineludibles, hasta infranqueables, pero ya son incamuflables.
Él contaba: "Alguna vez existió un campesino que le costaba dormir. Pasaba noches y noches entre el sueño y la vigilia. Daba vueltas en su reposo, pensó que podían ser las preocupaciones que no lo dejaban descansar. Así pasaron los días estando cada vez más cansado, y cada noche, cuando iba a entregarse al sueño, volvía a ocurrir lo de todas las noches: no lograba dormir totalmente. Un día decidió hacer lo contrario y pasar la noche en vela, intentando ver que podría ser lo que pasaba a la noche. Dejó una vela encendida y se quedó acostado esperando que pase la noche. Esta se volvió cada vez mas negra, hasta que lo único que quedaba, muy tenuemente iluminada, era la vela que no alumbraba más allá de su propia llama. Fue entonces cuando vio que a las sombras arrastrándose hacia su cama, unos espectros mas negros y oscuros que la noche iban trepando por sus pies y lo abrazaban. Comenzó a sentir el malestar de todas las noches, eran las sombras que lo engullían. Cada vez le era mas difícil respirar, lo iban apresando y devorando lentamente. Buscando una forma de librarse miraba a todos lados desesperado, lo rodeaba la oscuridad, menos la vela. Con la poca voluntad de que disponía la tomo y se la acercó al cuerpo. Se prendió fuego a sí mismo para iluminarse, se volvió luz. La sombra se marcho vencida. El campesino nunca más vio la oscuridad."
Terminó de contar su historia y entre la multitud vio el brillo de la oscuridad recorriendo algunas miradas.
Después de varios pueblos recorridos, llegó a uno donde lo recibieron con fiesta, le dieron de comer y sorbieron cada una de sus palabras. Cuando se fue haciendo de noche todos los habitantes que habían festejado, comido y charlado, lo fueron rodeando, lo encerraron y lo mataron a palazos. El entierro fue en medio del campo, sin marcas que identifiquen su tumba para que se lo coma el olvido.
No aguantaban la revelación, decían. No la aguantaban.
Contaban en algún lugar la historia de un hombre que viajaba de pueblo a pueblo, caminaba, dormía a cielo abierto. Lo seguían algunos perros que cuidaba y se echaban a su sombra a descansa, con el frío dormían acurrucados para mantener el calor. Aquel hombre caminaba, llegaba a distintos lugares y la gente se reunía alrededor de él. Hablaban, tomaban algo, pasaban todo el día juntos. Todos dejaban cualquier actividad que tuvieran. Se quedaban fascinados con las anécdotas, historias, fantasías e ideas que el hombre hacía surgir, una tras otra, de su boca. Actuaba, bailaba, reía. Disfrutaba infinitamente con sus paseos y sus charlas, de la acogida de los pueblos, de los momentos compartidos y de la posibilidad de hablar y compartir lo que pensaba.
La gente cada vez era más, eran más los que venían de diferentes lugares a escucharlos, a maravillarse con sus historias, a compartir sus palabras. Pronto muchos, sobre todo los jóvenes, se le acercaron y lo acompañaron en su camino. Lo seguían a sol y a sombra. Compartían noches en medio del campo, un fogón que los iluminaba en la mitad de la nada, perdidos en esa galaxia que puede parecer el campo en medio de la noche. Lo único que existía en esos momentos eran sus sombras envueltas por el silencio eterno. A la mañana seguían camino. Algunos nunca se separaban, otros se cansaban del ritmo y la caminata, extrañaban sus hogares y volvían. Otros encontraron junto a él un hogar.
Pasaron muchos años. Muchos lugares y muchos caminos. Incluso ya siendo una muchedumbre volvió a recorrer lugares que ya había pisado. Al volver a encontrarse con gente sentían otra vez la revelación de escuchar sus palabras, sus historias. Era como un mago decían, creaba cosas con solo contarlas. Mostraba al mundo con solo nombrarlo. Revelaba, eso decían todos. Revelaba.
A veces la verdad o la caída del velo es algo muy fuerte, y no todos pueden enfrentarlo. La luz puede lastimar la vista, puede dejarnos ciegos y mostrarnos mucho más de lo que queremos ver. Ahí, en el momento en que la oscuridad no tiene rincón de escape es cuando comienzan a iluminarse nuestros problemas, y se convierten ineludibles, hasta infranqueables, pero ya son incamuflables.
Él contaba: "Alguna vez existió un campesino que le costaba dormir. Pasaba noches y noches entre el sueño y la vigilia. Daba vueltas en su reposo, pensó que podían ser las preocupaciones que no lo dejaban descansar. Así pasaron los días estando cada vez más cansado, y cada noche, cuando iba a entregarse al sueño, volvía a ocurrir lo de todas las noches: no lograba dormir totalmente. Un día decidió hacer lo contrario y pasar la noche en vela, intentando ver que podría ser lo que pasaba a la noche. Dejó una vela encendida y se quedó acostado esperando que pase la noche. Esta se volvió cada vez mas negra, hasta que lo único que quedaba, muy tenuemente iluminada, era la vela que no alumbraba más allá de su propia llama. Fue entonces cuando vio que a las sombras arrastrándose hacia su cama, unos espectros mas negros y oscuros que la noche iban trepando por sus pies y lo abrazaban. Comenzó a sentir el malestar de todas las noches, eran las sombras que lo engullían. Cada vez le era mas difícil respirar, lo iban apresando y devorando lentamente. Buscando una forma de librarse miraba a todos lados desesperado, lo rodeaba la oscuridad, menos la vela. Con la poca voluntad de que disponía la tomo y se la acercó al cuerpo. Se prendió fuego a sí mismo para iluminarse, se volvió luz. La sombra se marcho vencida. El campesino nunca más vio la oscuridad."
Terminó de contar su historia y entre la multitud vio el brillo de la oscuridad recorriendo algunas miradas.
Después de varios pueblos recorridos, llegó a uno donde lo recibieron con fiesta, le dieron de comer y sorbieron cada una de sus palabras. Cuando se fue haciendo de noche todos los habitantes que habían festejado, comido y charlado, lo fueron rodeando, lo encerraron y lo mataron a palazos. El entierro fue en medio del campo, sin marcas que identifiquen su tumba para que se lo coma el olvido.
No aguantaban la revelación, decían. No la aguantaban.
10 mar 2014
El murmullo de los dias
Se cansó de pensar,
como casi todas las noches.
Se cansó de esperar
que por algún lado
derramasen ideas.
Sentado, agobiado.
Pensar era solo una forma de dilatar el tiempo,
de volverlo largo y extenso.
Pensar no servía para nada,
solo para sentirse libre un momento.
Pensar lo condenaba a una silla,
a unos libros, a unas ideas.
Lo apresaba en su conciencia
mientras escuchaba el murmullo de los dias,
de las noches,
que golpeaban su ventana
y corrían, huían.
Susurró, para darse animo,
hay una solución.
Escribió cartas y postales,
ensayos, cuentos y poesía,
escribió como un desesperado,
como un condenado.
Compró unas velas y las encendió en su escritorio,
iluminó sus papeles y los ajenos.
Leyó noches enteras,
hasta que el sol lo iluminaba de nuevo,
y de nuevo, usaba las velas.
Cerró los ojos para viajar en su mente,
para recordar sus pasados,
sus vidas,
sus fracasos,
sus amores,
sus ideas.
Recordó muy atrás
cuando todavía era viejo,
se vio cansado, y aun buscando.
Se vio a los ojos grises,
a la barba larga,
se vio apoyado en una roca,
escondido en un cuarto.
Se volvió a encontrar
quemando todo,
pisando todo,
borrando todo lo que alguna vez supo.
Se vio
cerrando los ojos,
escuchando el murmullo de los días,
de las noches,
que ya no golpeaban,
ni corrían,
ni huían.
como casi todas las noches.
Se cansó de esperar
que por algún lado
derramasen ideas.
Sentado, agobiado.
Pensar era solo una forma de dilatar el tiempo,
de volverlo largo y extenso.
Pensar no servía para nada,
solo para sentirse libre un momento.
Pensar lo condenaba a una silla,
a unos libros, a unas ideas.
Lo apresaba en su conciencia
mientras escuchaba el murmullo de los dias,
de las noches,
que golpeaban su ventana
y corrían, huían.
Susurró, para darse animo,
hay una solución.
Escribió cartas y postales,
ensayos, cuentos y poesía,
escribió como un desesperado,
como un condenado.
Compró unas velas y las encendió en su escritorio,
iluminó sus papeles y los ajenos.
Leyó noches enteras,
hasta que el sol lo iluminaba de nuevo,
y de nuevo, usaba las velas.
Cerró los ojos para viajar en su mente,
para recordar sus pasados,
sus vidas,
sus fracasos,
sus amores,
sus ideas.
Recordó muy atrás
cuando todavía era viejo,
se vio cansado, y aun buscando.
Se vio a los ojos grises,
a la barba larga,
se vio apoyado en una roca,
escondido en un cuarto.
Se volvió a encontrar
quemando todo,
pisando todo,
borrando todo lo que alguna vez supo.
Se vio
cerrando los ojos,
escuchando el murmullo de los días,
de las noches,
que ya no golpeaban,
ni corrían,
ni huían.
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