Mira con sus ojos cansados,
sus brazos extendidos y chamuscados.
Siente el cansancio, la pena, el dolor.
Los mira inertes, pero nada hay que pueda hacer
para moverlos.
Los deja caer.
Cuelgan por pura continuidad corporal,
si fuera por ellos, piensa,
caerían para desarmarse en el suelo,
para deshacerse en el aire.
Pobre Hobom, esta tan decepcionado de sus brazos,
cada día más inútil, cada día mas tarado.
Mira el horizonte y sabe que no puede llegar,
mira el sol y se da cuenta que no lo puede mirar,
va por la calle envidiando todo lo que no puede realizar
Está cansado y todavía no ha trabajado.
Está triste y todavía no ha llorado,
esta feliz y todavía no ha sonreído.
Esta solo y todavía no ha estado acompañado.
Le falta el aire, se sienta.
mira sus piernas largas, rusticas y torpes.
Se desploman y las mira inertes.
No sabe como va a hace para seguir caminando,
para huir,
para evitar la debacle,
para salvarse del infierno.
Sus piernas ya no le responden.
Pobre Hobom hasta su cuerpo lo abandona.
Pobre inútil, que se queda sentado,
callado,
dolido,
perdido,
mirando.