16 dic 2022

Sin reglas, ni dados

Se conocieron fuera de ritmo.

Bailaron un rato

pifiando el tempo de la canción

que les había tocado.

Se abrazaron,

aunque no era el momento.

Tuvieron problemas con las intensidades,

con las pisadas

y el sudor de las manos

manchando la ropa.


Alguno de los dos

no sabía las letras

para recitarlas al oído y cumplir,

torpe, el juego seductor

sin reglas, ni dados.


Alguno de los dos,

no manejaba los finales

y tampoco los principios,

apenas (a penas, con penas)

acomodaba el cuerpo a la otra cintura,

se derramaba sobre un límite

de piel

que en secreto

le descubría su propio pliegue.


Algunas tardes, se besaron.

Lo suficiente como para escapar

de un calor roto,

lo suficiente

hasta que las manos

dejaron de mojarse

y la canción que les tocaba,

dejó de sonar.


Sin la música,

no tenían donde esconderse.

Ninguno de los dos 

sabía

actuar el silencio.


30 nov 2022

Una caña roja

Lanzo líneas que nadie levanta
no hay carnada, ni plomo 
solo una tansa indecisa.

Una noche,
fuimos a la playa,
el mar era sonido
y no olas. Se escondía
en su espuma negra
atrás de una luz brillante.
Teníamos una caña roja y chica,
una línea
una plomada.
Iba a aprender a tirar,
porque a pescar no se enseña.
En un movimiento sin pausas
destrabar el carretel,
apoyar, como un arma,
el dedo sobre la línea,
sostener con la yema
el peso de nuestro deseo,
extender los brazos, 
abrir el pecho,
calcular la curva y soltar
soltar
soltar.
Lanzamos con fuerza,
pescamos arena oscura,
tiramos hasta perder la plomada atrás de los médanos
atrás de las estrellas.
Tiramos hasta irnos
y dejar al mar intacto,
quizás, solo unas huellas caídas sobre la arena,
pero a todos los peces 
tranquilos y dormidos.

Mirar
es lo único que me dejás
en esta playa de noche,
mientras destrabo el carretel,
y suelto
mi deseo sin plomada 
perdido
arriba mío,
atrás mío,
adelante mío.
Cierro la curva
con los brazos estirados
el pecho cerrado
la yema liviana. 

23 nov 2022

A los ojos

Mirar al sol
fijo
hasta que aparte los rayos
y se esconda
abajo de la tierra,
pulido por los gusanos,
frío como una luna.

Mirar al sol
obsesivo
con la piedad
de los crueles
a pie,
sin hojas por perder
o de rodillas como los tímidos
acechados en un mundo de expuestos
contra el que conspiran.

18 nov 2022

de día

Tu nombre antes era río,
un flujo de espuma
sin cuerpo, ni tiempo.
Ahora, se hace agua,
boca. 
Es un gusto peleado en la lengua,
es una voltereta de sonidos.
Subo, bajo, 
entro en mí
y salgo,
para nombrarte
a solas,
a oscuras
aunque sea de día.

4 ago 2022

Aguja. Versión I

Me quiero comer el dolor de una hermana
pero no trago mis porciones.
Hay lutos que no se comparten
y golpes que no se eligen.

Lo intacto en el centro.

Alrededor, la calesita de la galaxia

se abre en caballos de madera

con el hocico en punta y

el universo en forma de estrella.


¿Hay olores allá

donde no hay aire?

Tendrán esa respuesta

todos nuestros muertos,

callados con la elegancia

del sabio y del tonto.


¿Habrá algún indicio cuando llegue la hora

en este reloj

sin centros

ni intactos,

ni blandos?

La aguja marca y teje,

el hilo amarra botones,

telas,

une espacios dispersos.

Simula llegar a tiempo.


Los entramados

marcan historias y lugares:

la industria textil de la revolución industrial,

la bandera sin ondear en la luna,

la ropa en bolsas de consorcio, menos el saco,

menos ese buzo,

menos y menos.

Nos repartimos el abrigo

y lo que queda de su perfume.

Las agujas

los relojes

las estrellas

los universos redondos

se comparten.

Pero el dolor no,

los dolores tienen dueños.

6 jul 2022

H

Dejé una H
en la conversación
vacía.

Una letra muda,
expectante,
para decir todo eso que quedó
medio callado

para que sea constante
el gerundio de escribir,
aunque solo haya un silencio
que nadie mira.

No se puede archivar
lo vacío,
por eso, abro,
cada tanto, nuestra conversación
para traer al presente
todo
lo que tampoco está en el pasado. 

29 jun 2022

Pajareado

Se sentaba a lunear
con las estrellas
                    cayendo
al piso,
          al pasto,
                       a la tierra.
Toda una superficie
       que no
           gravitaba
    lo suficiente
para retenerla en su mundo.
 
 
                                    Pajareaba 
      desde
        un
   silencio hablado
              que los otros
                                   no compartían.
Y ahí,
espaciada entre
        el cielo
            y
       la tierra,
                                   ¿el aire?
                                              ¿la atmósfera?
entre el gas y la arena
decía su propia ley:
una nación hecha a gritos.
 
La patriada
              de las propias
                              ganas,
                                    el territorio del placer
                                                     como constitución,
                                                       sostenían
                                          la intimidad
                      de ese micro
               mundo
      cohetizado
        por un universo
         que se achica.

2 may 2022

Pacto con Dios

Hicimos un pacto con Dios:
Él no cree en mí y yo no lo defraudo.
Llegamos a ese arreglo
cuando se cansó de tirar piedras
a las lagunas
esperando que se vuelvan olas
y sus círculos
concéntricos se apagaron rápido
lejos de la orilla.
 
Se cansó de otras cosas,
casi como el resto.
Pero yo también tiré piedras,
también esperé las olas,
los círculos
y las orillas.
Nos reconocimos
en una misma fuerza,
la de la mano cansada y lastimada
por los tiros.
Lo entendí, aunque solo sea en eso.
 
El pacto
vino
por otras desilusiones,
con la misma pasividad
de las formas que mueren
lejos de la costa.


 

17 abr 2022

Piedra libre

Quietos, muy quietos
casi tanto,
como si el viento al pasar
una tarde
no moviera ninguna hoja de los árboles.
Quietos como si el tiempo del frío
no nos tocara
y el temblor de las ramas sea
una vacilación de otros años.
 
Quietos y callados,
atrás de un mueble,
mientras el resto juega a las escondidas
y somos los últimos, 
los que quedan para siempre en la sombra,
los que ni siquiera van corriendo
para gritar
piedra libre para todos mis compañeros.

Quietos
vamos después de los últimos
y después de los primeros,
a dónde estamos
no hay pica para nadie.
 
Quietos,
para que la piedra o
el viento frío,
que mueve las horas y no las hojas,
pase
sin movernos del pasado.

 

 

11 abr 2022

Las memorias

Te tuve miedo
porque me desbordabas,
de todos lados,
por cada esquina.
Eras el agua hasta el cuello 
y las marcas
del huracán en la pared
a medio deshacer.


Te tenía miedo
porque eras mi tormenta
ominosa,
total.
Aparecías y el resto
se difuminaba
en un espiral sin colores.

Para el amor o el rencor
no tenías piedad,
ni límites
y yo, que me olvido de todo,
no pude sostener esas memorias. 

28 mar 2022

Fuera de ritmo

Nos conocimos sin elegir el momento, como le pasa a casi todos. Pero me pregunto si no fue un pésimo tiempo, el mal ritmo de un bailarín fuera de moda. ¿Ahora no hubiese sido mejor? Y ahora no nos conocemos, casi no sabemos quiénes somos. Muchos rasgos de la cara se mantienen, nos permiten reconocernos, pero otras cosas se van moviendo de lugar, de forma. Soy y no soy el mismo. El cambio en nosotros es una maldición de los tiempos en que no pensábamos el pasado, un vestigio de una especie que en cuanto manejó el tiempo ya fue otra. ¿Qué queda de mí, de nosotros, de vos? Probablemente, nada. Pero ahí estamos en un mundo que sigue más o menos igual, en unas coordenadas que no cambian, en las estaciones naturales, que más tarde o más temprano, se transforman en los mismos meses, en los mismos años. Sale una flor, siempre igual y nunca la misma. La repetición hace la identidad y, a la vez, la degrada. 

Es todo lo que sucede al mismo tiempo lo que imprime movimiento. Choca y arma, ama y odia, nombra y calla. Lo simultaneo, lo presente puro, no nos da lugar a nada más y el negativo lo habilita todo. ¿Y si nos hubiésemos conocido hoy? ¿Nos hablaríamos expectantes? ¿Nos ignoraríamos sin remordimientos?

Cuando viajo en el colectivo, siempre pienso que en mi día me cruzo con muchos universos en los que no existo. Están ahí,  sentados, compartimos unos microsegundos en el tiempo eterno de la vida, un mismo viaje a destinos distintos. En la vida de ellos, no existo, no tengo nombre, no fui, no soy, no seré, pero ahí está mí presencia. Un error en su mátrix. Lo simultáneo nos junta y nos anula en un mismo movimiento. 

Vos estás. Yo sé que estás. Sos parte de mi universo que se expande en el pasado, alejándolo pero sin soltarlo. Vos seguís existiendo, aunque yo no te conozca hoy y no seas la misma, pero te mantengas, un poco, igual.

7 mar 2022

Otras cartas

Te escribí otras cartas. Después, las guardé, las quemé, las borré o alguno de esos procesos que ayudan a deshacer lo presente. Eran, igual, todas transposiciones de la primera, una copia que se iba degradando con el replique, como un truco de magia que se gasta y se hace obvio mientras más veces se práctica. No se puede hacer más lento, pero si se puede hacer peor. 

Contaba sobre todo que volví al barrio. Antes te decía que me había ido, que eso seguro lo sabías por las maneras en que desconocidos se enteran de las noticias, con los rumores suspicaces, a media voz, que tiene la gente para mantener una charla. Me fui, en parte, para sentir que conocía otra cosa. Al final, todos los barrios son iguales y volví. Pero en este, las calles están iguales y distintas. En una de las que fue nuestras, volví a cruzarme al taxista que salía a trabajar mientras nos besábamos en la vereda. Sigue fumando, sigue flaco, sigue pateando las piedritas de la calle. El auto, creo que es el mismo, pero no estoy seguro. Lo veo cuando la tarde se hace noche, cuando refresca, sale de su casa, termina el pucho y entra en el auto, que deja carburar un rato mientras se acomoda en el asiento y la mirada se le pierde en la ventanilla. Algunas costumbres siguen intactas. Sigue la baldosa que usábamos de asiento para pasar las horas, casi un milagro en esta ciudad de remodelaciones. No entiendo porque no acaparábamos la esquina, pero cada vez que paso y veo nuestro rincón, unos metros alejados del centro y del cruce, le encuentro cierto aire reconfortante. Un escondite a plena luz, un escondite fuera de foco. Quise sentarme, pero no me dio el cuerpo y no tiene gracia si mi rodilla no va a hacer tope con la tuya. No tiene sentido, si no vamos a  estar los dos para hacernos de contorno. Igual, en ese vacío todavía hay algo. La ventana que mirábamos, tu ventana, sigue verde y con rejas. Algunas cosas siguen iguales. La vida sigue igual, solo tiene algunos cambios mínimos en la coreografía. Lo importante: la ventana, la baldosa, el taxista, están intactos. Nosotros quizás también, pero separados, esquivando sin saber el camino que nos vuelva a cruzar.