Hicimos un pacto con Dios:
Él no cree en mí y yo no lo defraudo.
Llegamos a ese arreglo
cuando se cansó de tirar piedras
a las lagunas
esperando que se vuelvan olas
y sus círculos
concéntricos se apagaron rápido
lejos de la orilla.
Se cansó de otras cosas,
casi como el resto.
Pero yo también tiré piedras,
también esperé las olas,
los círculos
y las orillas.
Nos reconocimos
en una misma fuerza,
la de la mano cansada y lastimada
por los tiros.
Lo entendí, aunque solo sea en eso.
El pacto
vino
por otras desilusiones,
con la misma pasividad
de las formas que mueren
lejos de la costa.
Él no cree en mí y yo no lo defraudo.
Llegamos a ese arreglo
cuando se cansó de tirar piedras
a las lagunas
esperando que se vuelvan olas
y sus círculos
concéntricos se apagaron rápido
lejos de la orilla.
Se cansó de otras cosas,
casi como el resto.
Pero yo también tiré piedras,
también esperé las olas,
los círculos
y las orillas.
Nos reconocimos
en una misma fuerza,
la de la mano cansada y lastimada
por los tiros.
Lo entendí, aunque solo sea en eso.
El pacto
vino
por otras desilusiones,
con la misma pasividad
de las formas que mueren
lejos de la costa.