Se
sentaba a lunear
con las estrellas
cayendo
al piso,
al pasto,
a la tierra.
Toda una superficie
que no
gravitaba
lo suficiente
para retenerla en su mundo.
Pajareaba
desde
un
silencio hablado
que los otros
no compartían.
Y ahí,
espaciada entre
el cielo
y
la tierra,
¿el aire?
¿la atmósfera?
entre el gas y la arena
decía su propia ley:
una nación hecha a gritos.
La
patriada
de las propias
ganas,
el territorio del placer
como constitución,
sostenían
la intimidad
de ese micro
mundo
cohetizado
por un universo
que se achica.
con las estrellas
cayendo
al piso,
al pasto,
a la tierra.
Toda una superficie
que no
gravitaba
lo suficiente
para retenerla en su mundo.
desde
un
silencio hablado
que los otros
no compartían.
Y ahí,
espaciada entre
el cielo
y
la tierra,
¿el aire?
¿la atmósfera?
entre el gas y la arena
decía su propia ley:
una nación hecha a gritos.
de las propias
ganas,
el territorio del placer
como constitución,
sostenían
la intimidad
de ese micro
mundo
cohetizado
por un universo
que se achica.