pero no trago mis porciones.
Hay lutos que no se comparten
y golpes que no se eligen.
Lo intacto en el centro.
Alrededor, la calesita de la galaxia
se abre en caballos de madera
con el hocico en punta y
el universo en forma de estrella.
¿Hay olores allá
donde no hay aire?
Tendrán esa respuesta
todos nuestros muertos,
callados con la elegancia
del sabio y del tonto.
¿Habrá algún indicio cuando llegue la hora
en este reloj
sin centros
ni intactos,
ni blandos?
La aguja marca y teje,
el hilo amarra botones,
telas,
une espacios dispersos.
Simula llegar a tiempo.
Los entramados
marcan historias y lugares:
la industria textil de la revolución industrial,
la bandera sin ondear en la luna,
la ropa en bolsas de consorcio, menos el saco,
menos ese buzo,
menos y menos.
Nos repartimos el abrigo
y lo que queda de su perfume.
Las agujas
los relojes
las estrellas
los universos redondos
se comparten.
Pero el dolor no,
los dolores tienen dueños.