30 nov 2022

Una caña roja

Lanzo líneas que nadie levanta
no hay carnada, ni plomo 
solo una tansa indecisa.

Una noche,
fuimos a la playa,
el mar era sonido
y no olas. Se escondía
en su espuma negra
atrás de una luz brillante.
Teníamos una caña roja y chica,
una línea
una plomada.
Iba a aprender a tirar,
porque a pescar no se enseña.
En un movimiento sin pausas
destrabar el carretel,
apoyar, como un arma,
el dedo sobre la línea,
sostener con la yema
el peso de nuestro deseo,
extender los brazos, 
abrir el pecho,
calcular la curva y soltar
soltar
soltar.
Lanzamos con fuerza,
pescamos arena oscura,
tiramos hasta perder la plomada atrás de los médanos
atrás de las estrellas.
Tiramos hasta irnos
y dejar al mar intacto,
quizás, solo unas huellas caídas sobre la arena,
pero a todos los peces 
tranquilos y dormidos.

Mirar
es lo único que me dejás
en esta playa de noche,
mientras destrabo el carretel,
y suelto
mi deseo sin plomada 
perdido
arriba mío,
atrás mío,
adelante mío.
Cierro la curva
con los brazos estirados
el pecho cerrado
la yema liviana. 

23 nov 2022

A los ojos

Mirar al sol
fijo
hasta que aparte los rayos
y se esconda
abajo de la tierra,
pulido por los gusanos,
frío como una luna.

Mirar al sol
obsesivo
con la piedad
de los crueles
a pie,
sin hojas por perder
o de rodillas como los tímidos
acechados en un mundo de expuestos
contra el que conspiran.

18 nov 2022

de día

Tu nombre antes era río,
un flujo de espuma
sin cuerpo, ni tiempo.
Ahora, se hace agua,
boca. 
Es un gusto peleado en la lengua,
es una voltereta de sonidos.
Subo, bajo, 
entro en mí
y salgo,
para nombrarte
a solas,
a oscuras
aunque sea de día.