16 dic 2022

Sin reglas, ni dados

Se conocieron fuera de ritmo.

Bailaron un rato

pifiando el tempo de la canción

que les había tocado.

Se abrazaron,

aunque no era el momento.

Tuvieron problemas con las intensidades,

con las pisadas

y el sudor de las manos

manchando la ropa.


Alguno de los dos

no sabía las letras

para recitarlas al oído y cumplir,

torpe, el juego seductor

sin reglas, ni dados.


Alguno de los dos,

no manejaba los finales

y tampoco los principios,

apenas (a penas, con penas)

acomodaba el cuerpo a la otra cintura,

se derramaba sobre un límite

de piel

que en secreto

le descubría su propio pliegue.


Algunas tardes, se besaron.

Lo suficiente como para escapar

de un calor roto,

lo suficiente

hasta que las manos

dejaron de mojarse

y la canción que les tocaba,

dejó de sonar.


Sin la música,

no tenían donde esconderse.

Ninguno de los dos 

sabía

actuar el silencio.