Mi país es como su mar.
Una corriente submarina a contramano
y unas olas repitentes que
nunca coinciden.
Van y vienen,
cruzado y feroz.
Igual al ánimo
de sus habitantes
golpeantes como átomos
cuando la temperatura sube
sin lugar de salida.
Mi país es su mar
broncíneo
extenso, fértil,
sin paz y cruel.
Preparado en lo profundo
con una memoria sin olvido,
y en la superficie
una piel poderosa
unas escamas líquidas
que golpean y se deshacen.