Hagamos un mapa,
dijiste.
Poné todos los puntos
que te unen
a mí
al mundo.
Hagamos algo nuevo
que no sea un dibujo
sino más bien
una huella.
Después, buscá una cuerda
que sea tan áspera
como para soportar la intemperie
y enrojecer los dedos.
Anudá cada referencia,
probá la tensión.
Que sobre el mapa
quede la sombra
de nuestro mundo atado.