Agarralo,
acá esta como una piedra horadada
como un gatito recién despierto
con todavía algunos gajos de sangre
sobre la cabeza, sobre la nariz
del útero que lo parió.
Agarralo, sin miedo
no muerde, ni lastima
va a buscar sólo el calor de tu mano,
un espacio seguro,
tranquilo,
a salvo,
para vivir todo el tiempo que haga falta.
No lo dejes caer
ni lo sueltes,
es un pez resbaloso con escamas plateadas
para que lo veas en lo más profundo
del día
aunque sea invisible
ante tanta luz.
Es una espuma
es un desierto
se puede hervir con la saliva
y las lágrimas
hasta volverse sólido,
intragable,
como si casi tuviese la potencia de un tren,
una piña, un huracan.
Todo eso, pero junto
y, después, separado.
Sobre todo separado.
Agarralo tranquila
porque puede sentir tu miedo
porque puede saber tu secreto,
es ante todo absoluto,
quizás tirano,
pero jamás divino.
Agarralo vos un rato
a mí me cansa su peso,
su inagotable presión,
la demanda exquisita
la paciencia infinita
de toda mi tristeza acumulada.
Que no se caiga
es frágil
y no se pega.