Te imaginás a Virgilio
en el medio del camino
sobre el bote
flotante en el río muerto
diciendo
No haga olas
sin tutear, porque el viaje
recien empieza
y la confianza todavía resta.
No haga olas
que los muertos duermen,
si se despiertan
pueden hundirnos con odio
en el mal gusto
de lo infinito.
Te imaginás el silencio
necesario y oscuro
que hubo en ese río
antes del infierno
frente a la palabra susurrada,
con el balanceo
casi infantil
del bote
No haga olas, dice
y la quietud
hace una rugosidad mínima
sobre el agua,
sobre el olvido.
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