Sensata la noche
con un silencio mandamás
al filo del fin del mundo.
Esperamos los misiles
en el techo de la casa
mientras la ropa se seca
al aire, como banderas mojadas
contrariadas bajo las estrellas.
Arriba la luna,
abajo tu mano
abrigada sobre mi mano.
Una reposera naranja con un fuego
intermitente contra la bocina del tráfico
la locura bastante lejos
atrás del mar,
abajo del mar,
sobre el desierto de otros.
Nosotros
en el techo
con los misiles sin iluminar
todavía
una primera noche íntima
y, aunque, final, también sea
un deseo largo
o una vida.
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