El río se te enredo en el pelo,
calmo, con el paso pausado
de sus barcos monumentales
llevados como los troncos
por la fuerza de unos bueyes sureños
o unos hombres de remos alados.
Todo es lento cuando requiere
fuerza y constancia,
hasta, incluso,
la caricia más buscada.
El río lineal
inmutable
arbitrario
caprichoso
no dejó ningún sol sin tocar
mientras lo veíamos desde la baranda
de una plaza llena de gente.
Se deshizo desde tu pelo
hacia el delta,
arrastrando todo el barro
del continente montañoso
hasta el mar de los hielos.
Al final de la ruta
no querés el silencio de la música.
Deseo,
por un momento largo,
una noche sin alba
donde el auto se adentre
para terminar esta canción,
y la que sigue,
y la que sigue,
después
de la que sigue.
El mundo y su desglose,
nunca deja de ser un círculo.
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