Con pulmones tan chicos no podría creer que lograra tal lamento. Tan chiquita, tan inocente, ¿Se acordaría algun día de eso? lo mas probable es que nunca supiera, que tan solo recreara con la imaginación a partir de lo que le contarían. Pero ella no se acordaría jamas de su llanto y sus gritos.
La habitación estaba inundada de tristeza, para algunos fue demasiado y no podrían soportarlo sin llorar y huyendo a la vez del lugar. Otros se abrazaban y miraban con una mirada empática, triste y sin una respuesta para ese momento.
Intento acariciarle los piecitos que se revoleaban en el aire, eran regordetes y unos dedos mínimos que parecían de una porcelana oscura y delicada. Le apretó con dulzura el dedo gordo, pero no la calmaba. Mientras mas intentaba mas lloraba, y ella mas se hundía en ese llanto, la iba envolviendo y a su pena se le sumaba la incapacidad de poder lograr que su hija, su beba se calmara y entendiera que iba a estar todo bien, que ella iba a estar con ella siempre, mientras creciera, que la vería dar cada uno de sus pasos y que la abrazaría frente a cualquier situación. Ella estaría, pero el problema era ¿Quien estaría con ella?.
Se sentó sobre le borde de la cama y le canto suavemente, entre grito y grito se escuchaba la voz quebrada de ella cantándole para tranquilizarla. Una voz que a cada llanto y a cada lagrima de su hija se iba volviendo un susurro que se convertía en llanto y en lagrimas que rodaban por su mejilla e iban a parar a la panza de su beba, que seguía llorando.
Alguien tomo a la bebé , y ella intento resistirse pero sus brazos ya no tenían fuerza, solo sintieron deslizarse al pequeño cuerpo que no tenia voluntad de movimiento, solo las piernitas retorciéndose en el aire y el abdomen rigido pro la fuerza de los pulmones para provocar los gritos. Una hermana, quizas una prima, la abrazo y en ese momento no hubo forma de consolarla a ella.
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