Se acerca un momento decisivo en la vida. Se acerca fin de año. Hay que elegir si emprender un nuevo año, elegir si suelto las cosas que han pasado este año, si tengo las ganas para afrontar las próximas, para dejarme tocar, para dejarme llegar, para dejarme vivir por todo lo que me espera. Sí, elegir. Puedo quedarme en el umbral, puedo quedarme en el recuerdo, puedo quedarme en la nada, en la ausencia total. El año viene pisando fuerte, con amenazas del fin del mundo, con amenazas de ser peor que el que paso, o peor, con amenaza de ser mejor. Pero para eso me tengo que animar a pasar de año, a ser otra vez yo, a vivir y evolucionar un año más. Animarme a que esta la posibilidad de seguir creciendo.
Termina el año y uno suele hacer el recuento de lo que sucedió en el año que se va. Siempre queda un sabor amargo, siempre la expectativa de que el año se esfume rápido, la sensación de que no nos deja nada más que los malos momentos. Hay una inclinación a dejarse tocar, a dejarse llevar por lo malo, por lo que no salió bien, por todo lo que no fue, por todo lo que no hice. Pero intento pensar otra cosa, ¿Qué hice? ¿Qué logre? ¿Quien fui? Pienso en eso, y viene gente, amigos, momentos, cosas que se me presentan y me van contestando. Al parecer hice mas cosas de las que no hice, siempre me hubiera gustado hacer todas las que no hice; pero las que hice también me gustó hacerlas. ¿Podría haber hecho más? ¿Podría haber salvado el mundo? S{i, seguramente. Pero no pude, hice otras cosas, colabore quizás a lo segundo, al menos intente.
Fin de año, navidad, la gente corre de un lado para otro. No compre los regalos todavía, me resisto, hago la lista de gente a la que debo regalarle y me parece infinita, cada vez mas. De solo pensar en la calle en que todas las tiendas estallan ya me da nauseas. LA gente codeándose, cargada cada vez con una bolsa más, y otra, y otra. A todos la lista se le va a haciendo cada vez mas extensa, por suerte hay un poco mas de plata para hacer ese regalo, y el próximo.
Cruzo una avenida atestada de gente, me paralizo unos segundos viendo a los autos yendo de un lado para otro, la gente que se multiplica junto con sus bolsas. Los vendedores salen hasta de debajo de los mostradores para ayudarnos con una sonrisa navideña. Nos desean lo mejor, todo el mundo parece feliz. Puteando por la cantidad de gente, pero feliz por todo lo que pudo comprar. Por todos los regalos, por todos los buenos gestos que tendrán con su extensa lista de conocidos, que este año lo acompañaron, lo llenaron de momentos, tanto buenos como malos. Siempre mas lo segundo, pero son familia, amigos; los buenos momentos valen mas, y fueron buenos por que hubo otro al lado.
Y a la vez no puedo dejar de pensar. ¿Qué festejamos? LA navidad es el festejo de la vida, leí por ahí. Festejamos el nacimiento de un niño que nace en la miseria, que se convertirá en mártir y en Dios. Quizás lo fue desde el momento en que nació, ambas. Festejamos un nacimiento, una vida que viene al mundo, la vida de un indefenso, de un hombre al fin de cuentas. Festejamos el nacimiento de un pobre, de alguien que no hubiera podido pasearse comprando regalos, haciendo listas para ver que regalarle a su madre, a su padre, a sus amigos.
¿La vida se festeja comprando? ¿En eso se convirtió? ¿Comprar es vivir o vivir es comprar?
Y ni siquiera es una fecha que sea la fecha del nacimiento exacto del niño, es una costumbre. Igual que la costumbre de dejar un regalo bajo un árbol nevado, en un lugar donde no nieva. Dejar un regalo apra aquel que me acompaño en el año, una retribución, quizás me digan, un reconocimiento por los momentos que pasaron juntos esas personas ese año. UN momento que da la justificación para retribuir todo el amor, la compañía, el cariño, todo lo bueno que nos han brindado. Y en algún momento tenemos la seguridad que un paquete envuelto de rojo y un moño lograra retribuir todo lo que recibí de esa persona.
Y si en vez de un regalo elijo. Elijo enfrentarme al nuevo año de vida, festejar la vida, compartiéndola, brindándola en todo lo que tengo para dar, para darla al otro, al otro que yo quiero regalarle algo para retribuirle todo lo que me brindo de su vida. ¿Y si le regalo mi vida?
A él y a todos los niños que nacen, y que no recibirán un regalo. Que no podrán festejar navidad, que no podrán pasearse por una avenida llena de autos y gente y bolsas y vendedores. ¿Y si para festejar la vida, vivo?
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