4 feb 2012

Mirarse es perderse

Mirarse es perderse. El contacto de dos ojos ajenos, ese espacio entre los cuerpos que se unen en un punto abstracto, intocable. Un punto donde se encuentran en el aire, en esa linea que hay entre los ojos que se miran fijamente. Mirarse es perderse, en el otro, en su conciencia y en su alma, en todos su secretos que se intentan esconder tras una pupila que lo revela todo. Hasta las imperfecciones en lo más recónditos rincones de la piel, esos defectos que mas nos avergüenzan, y hasta incluso se muestra lo que somos.
El espacio se contrae en la mirada, se muestra su labilidad, su permeabilidad. En una mirada el espacio se dobla sobre si mismo, y aunque metros sean lo que distancian a esas dos personas, de repente en una mirada larga como un suspiro de pena, los cuerpos se encuentran. Esas dos personas se pierden dentro de la otra. Llegan las ansias de entrar en lo mas hondo, ser parte del otro. Y ya no hay vuelta atrás, no hay intenciones de dejar de mirarse, de dejarse mirar. Solo se quiere estar así eternamente en esos segundos, haciendo fuerza por mantener la mirada sin avergonzarse y mostrarse como somos.
Mirarse es volverse transparente, decirle al otro estoy aquí, así soy. Se miran, eternamente se miran, y desde ese momento están perdidos. Saben que pasarán horas reconstruyendo una mirada que les han entregado a otra persona en todo su ser, en un minuto todas sus complejidades y vueltas, toda una persona en una parte. Mirarse es una metonimia perfecta.
Se miran, y se entienden todo. Alguno bajará la vista por que ya no puede más, por que todo su ser le estalla de ansias. Por que ya no puede contenerse, por que si sigue mirando siente que se queda vacío, que le roban todo, que lo observan hasta aquello que no quiere y nunca contará. Pero a la vez sabe que los otros ojos lo esperan, cariñosos, profundos, dulces para recibirlo en una nueva mirada y entregarse a un silencio que lo cubra todo. Que se adueñe de la noche y de sus palabras, que se adueña de ellos dos que no saben que son; solo saben que se miran, no saben que decirse, solo saben que están ahí y no quieren estar en ninguna otra parte.
Mirándose, eternamente mirándose, así quisieran estar.
Siente la necesidad de levantar la mano, llevarla cuidadosamente a sus pómulos, acariciar el contorno de su cara y sentir su piel para que el efecto sea completo; pero esta hipnotizado. La mirada es superadora y subyuga toda acción posible. Se vuelve tirana y todo queda relegado al espacio, a un después que no existe. Un después que se vuelve infinito, imposible. Tantas cosas por hacer y decirse, todo resumido en una mirada que se vuelve tan poca cosa, por que no hay tiempo que sea suficiente. Es una mirada en que se entregan uno a otro, luego ya no hay nada que hacer. Después de mirarse esta todo perdido, o todo encontrado y ya nada por buscar. Se van llenos, con una mirada en la frente que no se borra ni en sueños. Se van vacíos por que le faltan sus miradas reciprocas.
Se faltan y se sienten incompletos. Mirarse es perderse, por que después de haber encontrado al otro, de haberse encontrado en el otro, no hay forma de recuperar todo lo que hay en esa mirada, sino es mirándose por siempre.

No hay comentarios: