Soy una carne cicatrizada,
la piel hecha un nudo,
la guarida de un trueno plateado
que me besa los órganos
con la promesa cruel
de desgarrar
hasta las uñas.
Ayer tuvimos la ternura
cuando existía un cielo tan espumoso
como el mar que lo esperaba.
Dicen que el amor
surge en las estelas marrones de esas aguas
fecundadas por la crueldad
y la castidad de un cuchillo
rebanador
sobre la potencia de un dios.
No hay amor en el destino,
en el pasado no existe la elección
está lo dado,
lo obligatorio,
aquello que nos nombra y titula.
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